Todas las vacunas deben obtener una Autorización de Comercialización en Europa antes de que se puedan prescribir. Esto afecta a los procedimientos centralizados a través de la Agencia Europea para la Evaluación de los Medicamentos (EMEA), y al Procedimiento de Reconocimiento Mutuo (PRM) propio de un país y extendido posteriormente a otros países. Por consiguiente, las vacunas siguen un procedimiento de registro típico de cualquier producto farmacéutico. Sin embargo, a diferencia de otros productos farmacéuticos, las vacunas se administran a personas sanas y por ello deben demostrar una relación beneficio / riesgo especialmente favorable. Las vacunas deben cumplir con rigurosos criterios durante su desarrollo. Estas condiciones continúan en el proceso de comercialización y por ello necesitan un seguimiento detallado y una vigilancia epidemiológica.