La vacunación salva cada año cerca de 3 millones de vidas y evita la discapacidad de más de 750.000 niños como consecuencia de enfermedades infecciosas1.

El objetivo de las vacunas es proteger tanto al individuo como a la población en general.
Pueden alcanzar su eficacia óptima sólo si la cobertura de vacunación se mantiene de forma continua en un nivel suficientemente elevado. Uno de los principales factores que yace detrás del éxito de un programa de inmunización es la cobertura de la vacunación o el número de personas vacunadas contra una enfermedad en una población dada.
Los beneficios de la vacunación para la comunidad están por tanto relacionados con el porcentaje de población inmunizada. Este porcentaje varía de acuerdo con la vacuna en cuestión.
Cuando se introduce una nueva vacuna, a menudo se produce un brusco descenso de la incidencia de la enfermedad tras la vacunación masiva.
Esto se conoce como el periodo de "luna de miel"2. Pero la vacunación también se debe evaluar a largo plazo y hay que modificar los programas de inmunización oportunamente. Se deben mantener los altos niveles de cobertura de las vacunas para asegurar que proporcionan una protección durante toda la vida. Además, las vacunas de refuerzo -booster- (difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis) desempeñan un papel primordial.
