La tos ferina (pertussis) causó altos niveles de morbimortalidad en Europa antes de que se introdujera la vacuna en la década de los 50. En esa época, el número de casos en Inglaterra y Gales se situaba en más de 100.000 al año, con una tasa de mortalidad de 1 de cada 1.000 casos.
Los resultados de la aplicación de la vacuna contra la tos ferina hablan por sí solos: en 1972 la cobertura de la vacuna estaba en un 80% y solo se registraron 2.000 casos. En 1980, tras una caída de la cobertura de la vacuna de un 30%, las epidemias de tos ferina se repitieron16.
Los adultos y adolescentes que están protegidos solo de manera parcial o que no cuentan con protección alguna contra la tos ferina, son la principal vía de propagación de la enfermedad, ya que exponen a lactantes sin protección a las graves consecuencias o incluso mortales de esta enfermedad. En Francia, por ejemplo, la tos ferina es la causa de muerte más común por infección bacteriana en niños menores de 2 meses de edad17.